DIABETES Y ESCUELA

246 millones de personas viven en el mundo con diabetes, y varios millones más están en riesgo de padecerla. Sólo en Argentina, se calcula que existen unos tres millones de diabéticos. Esto es, casi un 8% de la población está afectada por una enfermedad que algunos denominan ya la epidemia de este siglo.
Respecto a los niños, no sólo están empezando a tener la diabetes tipo 1 (la que les convierte en dependientes de la insulina) a edades más tempranas. También están dándose cada vez más casos de niños con diabetes tipo 2, la llamada <diabetes del adulto>, muchas veces asociada a la obesidad infantil.
De momento, la tipo 1 continúa siendo la más común en la infancia. De cada  100.000 niños y adolescentes que tengan diabetes significa que, detrás, hay unas 100.000 familias afectadas de una u otra forma por esta enfermedad crónica, debilitadora y costosa, según reconocieron las Naciones Unidas en la Resolución 61/225 el año pasado.
Cualquier niño con diabetes puede desarrollar una vida plena, sana y productiva, como es la meta. Pero, aún así, siguen dándose complicaciones, para el niño o para la familia, derivadas de la enfermedad, muchas veces en la escuela. Problemas que con más información, concientización y recursos se podrían subsanar.


En la escuela

Dadas las cifras anteriores, se deduce que hoy en día es raro encontrar un colegio en el que no haya ningún niño diabético. Pero, por desgracia, también es raro encontrar a veces colegio para un niño diabético.
El niño pasa entre 4 y 8 horas o más,  en el colegio, y muchas veces en ese tiempo,  tiene que hacerse controles de glucosa y tomar alimentos ante el menor síntoma de hipoglucemia. Sobre todo cuando el pequeño tiene menos de seis años, su profesor debería realizarle el control de glucemia para conocer sus niveles de azúcar y estar atento. Pero la realidad es que el profesor tiene que estar pendiente de toda una clase, además  la mayoría de ellos  al no tener conocimientos sobre la diabetes, difícilmente puede detectar una bajada de azúcar si el niño no lo exterioriza, o brindar los cuidados que el alumno con diabetes requiere.
Es cuando el niño tiene menos de seis años cuando más problemas se le plantean en su proceso de escolarización. En España se realizó una encuesta, y de ella surgió que es en estas edades donde un alto porcentaje de niños con diabetes  tienen que cambiar de establecimiento educativo,  el estudio titulado “Necesidades de los niños con diabetes tipo 1 en la escuela”, dice también que el 34% de los padres asegura que los profesores de sus hijos no saben reconocer una hipoglucemia y el 16%, que han tenido que cambiar el tratamiento de la diabetes por falta de cooperación por parte de la escuela. Es por eso que muchos padres dejan de trabajar para atenderlos hasta que crecen. Según el estudio, en una de cada dos familias con un hijo con diabetes uno de los cónyuges tuvo que dejar de trabajar o cambiar su actividad laboral, para poder cuidarlo.
A partir de esta franja de edad ya el niño con diabetes aprende a hacerse los controles él mismo, y sabe cuándo tiene que comer, si bien debe estar siempre supervisado por un adulto. Por supuesto, puede participar en las actividades y excursiones que organice la escuela y  también almorzar en el comedor escolar,  siempre que las raciones de hidratos de carbono que ingiera sean las adecuadas y apropiadas a su tratamiento.
 

Nuevos tipos

La diabetes tipo 2 se produce en personas que no consiguen utilizar la insulina que producen de manera eficaz. A veces, para tratarla basta con dieta y ejercicio, pero en otros casos requiere de edicación e incluso de insulina. En los últimos años se ha visto que no sólo la padecen los adultos. Otros niños pueden sufrir este tipo de diabetes, la mayoría de las veces por sufrir sobrepeso.



 
Potenciado por Gustavo Troisi